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04/04/2025

Mi insoportable pasión por la historia aeronáutica

Juan A. José / Miércoles, 12 Marzo 2025 - 01:00

No lo voy a negar: acercándome al medio siglo de actividades aeronáuticas, otorgándole en ello a la cultura del vuelo la máxima importancia, como tantos otros colegas, quizás he acumulado una serie de conocimientos y anécdotas que me permiten "colorear" con detalles históricos, las más de las veces poco conocidos o recordados, una parte importante de las interacciones que sostengo con integrantes de la industria, algo que me genera enorme satisfacción.

Normalmente lo que comparto sorprende gratamente o hasta aporta, comenzando por la capacidad de una buena charla en el proceso de acercamiento con alguien, generando confianza y comodidad, lo cual puede beneficiar el entorno con el fin de lograr ciertos objetivos; nunca voy a olvidar como un día cuando accedí a la oficina de un importante cliente el haber descubierto su pasión por lo aeronáutico me permitió tender los puentes que yo necesitaba para lograr mis objetivos comerciales. Llevarle ejemplares de la revista de aviación que entonces albergaban mis textos, escucharle narrar sus aventuras aéreas y por ahí responderle alguna duda se transformaba en esa orden de compra que tanto necesitaba. 

Recuerdo cómo es que el haber podido hablar del papel que Charles Lindbergh tuvo en el desarrollo del cohete que permitió al humano llegar a la Luna, obteniendo el financiamiento que Robert Goddard necesitaba para desarrollar su tecnología, me facilitó el poder pedirle a Neil Armstrong algo más que un saludo, sino una fotografía juntos. En fin; le podría describir tantas instancias en las que mis apuntes históricos han derribado barreras en mis relaciones. 

El reto que tengo es que en mi tendencia a encontrar vínculos histórico-aeronáuticos en mis encuentros personales y profesionales medie la prudencia. Es decir, que la pasión no me ciegue ante realidades como la que por más que una persona esté relacionada con la aviación no necesariamente tiene interés en saber la historia de la empresa en la que trabaja, por ejemplo. Encontrar ese equilibrio es un ejercicio bastante complicado y más para uno como el que suscribe, ya en calidad de viejo, condición que no hay que olvidar fácilmente se relaciona con la práctica de contar historias del pasado. 

La buena noticia, insisto, es que, las más de las veces, lo que digo termina siendo lo suficientemente interesante como para captar la atención de mi interlocutor o la manera como lo digo es prudente, es decir en tiempo y forma. La mala es que debo seguir trabajando en ello, y es que tal y como lo he plasmado en alguna columna, el ciudadano del mundo del Siglo XXI es uno que crecientemente privilegia la eficiencia y los resultados en las empresas y desprecia la cultura, aún la de la industria a la que pertenece y esa no es la mejor noticia para una actividad tan apasionante y con tanta historia como es la aeronáutica.

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